Amor Romántico

ADELE H.

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El Amor Romántico

El amor romántico es uno de los modelos de amor que fundamenta las relaciones de pareja tradicionales de la cultura occidental, entre otras.

Es importante señalar, como ha estudiado Diane Ackerman, que si bien el amor es una afección, un sentimiento o una emoción universal, cada cultura lo expresa de manera diferente y le otorga significados diversos. Así, existen culturas donde no existen los celos, o en las que el matrimonio es, por ejemplo, poliándrico, o ambulante.

Pese a su nombre, el modelo de amor romántico no procede del romanticismo (un movimiento cultural y estético del siglo XIX) sino de la edad media, tal y como revelara Denis de Rougemont en El amor y Occidente (1938), quien identifica el surgimiento del modelo de amor romántico en el entorno de la literatura medieval y lo relaciona con las transformaciones sociales que dieron lugar al surgimiento de la intimidad y a cierta liberación de la mujer, al establecer medios de superación de las barreras morales o convencionales que separaban a los enamorados. Una de estas trasformaciones es que se dejó de concertar los matrimonios de acuerdo a los intereses económicos y sociales de las familias; para pasar a concertar matrimonios basados en el afecto entre los cónyuges.

El amor romántico es considerado como un sentimiento diferente y superior a las meras necesidades fisiológicas, como el deseo sexual o la lujuria, y generalmente implica una mezcla de deseo emocional y sexual, otorgándole, eso sí, más énfasis a las emociones que al placer físico, a diferencia del amor platónico, que se centra en lo espiritual.

Algunos analistas recientes inciden en que las características más señaladas de este tipo de amor se confirman y difunden a través de relatos literarios, películas, canciones o por medio de la socialización. Se trata de un tipo de afecto que, se presume,
ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré por encima de todo) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida).

Pilar Sampedro caracteriza el amor romántico de la siguiente manera,

  • Algunos elementos son prototípicos: inicio súbito (amor a primera vista),
  • Sacrificio por el otro,
  • Pruebas de amor,
  • Fusión con el otro,
  • Olvido de la propia vida,
  • Expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario (la media naranja),
  • Vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen
    necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.

Un aspecto del amor romántico es la aleatoriedad de los encuentros que conducen al amor. La cultura occidental ha enfatizado históricamente el amor romántico mucho más que otras en las cuales los matrimonios arreglados son la regla. Sin embargo, la globalización ha extendido las ideas occidentales sobre el amor y el romance.

Según ciertos analistas modernos este modelo de amor idealizado crearía falsas expectativas y conduciría irremisiblemente a la frustración y el fracaso afectivo, al confundir apego (que es un estado afectivo perdurable) con enamoramiento (que es un proceso previo al apego, y de menor duración). Según esta perspectiva de análisis psicosocial, el amor romántico se basaría en la anulación a través de la renuncia de uno mismo, y sería la base, en cierta medida, de la violencia de género.

Así, y según estas teorías, aunque originalmente el amor romántico habría supuesto un estímulo para la emancipación femenina, al haber la mujer interiorizado un rol social incompatible con la felicidad terminaría atrapada en una maraña invencible de obligaciones que le dificultaría finalizar la relación o aceptar el duelo que supone la ruptura, debido a presiones de la sociedad, de la familia o de ella misma.

Conclusiones parecidas han sido deducidas desde un análisis antropológico materialista, poniendo de relieve un desfase cultural del concepto de amor romántico. Según estas tesis, este desfase cultural vendría derivado de la no evolución del concepto de amor, frente a enormes divergencias entre el entorno socio cultural en que se apareció (la edad media), y los tiempos contemporáneos.

Según el sociólogo británico Anthony Giddens, estas críticas han significado una transformación de las relaciones íntimas. En la sociedad occidental, a partir de mediados del siglo XX, las parejas, al abandonar los ideales del amor romántico, están configurando un nuevo modelo de amor que él llama amor confluente.

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