Te Doy Mis Ojos

Ciclo: Patología de la Pareja

Tema

Violencia Intrafamiliar… ¿Mejor correr que aquí murió?

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FICHA TÉCNICA
Género: Drama
Año: 2003
País: España
Director: Icíar Bollaín
Guión: Icíar Bollaín, Alicia Luna
Reparto: Laia Marull, Luis Tosar, Candela Peña, Rosa María Sardá, Kiti Manver, Elisabet Gelabert, Sergi Calleja, Nicolás Fernández Luna, Chus Gutiérrez, Elena Irureta, Dave Mooney.
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Una noche de invierno, Pilar junto con su equeño hijo Juan, sale huyendo de su casa escapando de Antonio, un marido que la maltrata y humilla sistemáticamente, y con quien su vida se encuentra en peligro…

¿Sabías que la conducta posesiva, el comportamiento  dominante y el amedrentamiento, son una forma de maltrato psicológico?

¿Sabías que no acceder nunca a las peticiones de tu pareja, no cumplir con los acuerdos mutuos y cuestionar constantemente su fidelidad, son una forma de agresión psicológica?

Sentirte humillado, denigrado o intimidado por tu pareja es una forma de maltrato psicológico.

Entre 50% y 69% de las parejas en la población total, sufren algún tipo de violencia y maltrato.

Las personas tienden a continuar en la relación en la que son maltratados; a menudo, la negación y el temor de aislarse y ser estigmatizados socialmente impiden buscar ayuda profesional, a menos que ocurra cuando la violencia llega a  ser lo bastante grave.

¿Alguna vez has sentido que tu pareja intenta aislarte de tu familia y de tus   amigos?

La violencia en la pareja se refiere a cualquier comportamiento dentro de una relación íntima que causa daño físico, psíquico o sexual en uno, o ambos, miembros de la pareja.

Este tipo de violencia se produce en todos los lugares y niveles socioeconómicos, y se va incrementando cada vez más como un problema importante de salud pública.

Una atmósfera de terror generalmente impregna la relación, donde la degradación psicológica resulta aún más intolerable que la violencia física.

Ver artículo:

 Violencia y Maltrato en la Pareja

Trabajaremos con la película

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La Automutilación

Desde el inicio de la humanidad han existido distintas formas de lastimar o mutilar al propio cuerpo, se trata de prácticas solitarias que la persona ejecuta a manera de ritual y obsesiva compulsión en secreto. Esta conducta se considera necesariamente patológica y por lo general acompaña diversas enfermedades psiquiátricas de base, ó estructuras de personalidad psicótica, trastorno obsesivo compulsivo e incluso el síndrome de Tourette, donde la automutilación es frecuente.

Existen muchas formas de automutilación, como el comerse las uñas, quemarse con cigarrillos, arrancarse el pelo, rascarse hasta lastimar la piel, etc. En varias ocasiones, esta conducta puede ocurrir en personas “aparentemente normales”, pero que viene con una problemática muy particular.

La automutilación progresivamente desarrolla una dependencia adictiva que es psicológicamente placentera, aunque implique el dolor físico. La adicción al dolor se origina porque el cuerpo, al ser expuesto a cualquier tipo de daño físico, libera de manera natural sustancias como las endorfinas, que producen alivio y sensación de placidez. Los adictos al dolor buscan ésta sensación placentera a nivel neuroquímico luego de auto lastimarse. Se trata de una extraña y masoquista fascinación con el propio cuerpo que no puede ser cabalmente explicada desde la lógica común para comprender lo bizarro de este comportamiento.

Un problema afectivo, un cuadro depresivo, ansiedad extrema, desvalorización e incertidumbre en la autoimagen corporal pueden ser el punto de partida para la conducta automutilante. El dolor físico no importa en comparación con el dolor emocional que la persona sufre. Al causarse daño y lastimarse busca una forma optativa por disminuir su dolor psicológico. Otras veces busca ser valorada por los demás a cualquier costo. El causarse dolor físico a manera de castigo y expiación, también disminuye profundos sentimientos de culpa.

No obstante, la automutilación no implica el deseo de suicidarse, por ejemplo, cortarse con heridas poco profundas en las muñecas “wrist cutter”, que por lo general obedece más a un deseo manipulatorio por llamar la atención que para privarse de la vida.

También se incluye la conducta ligada a sentimientos religiosos, como en la historia de mártires que con látigos, espinas o cadenas pretendieron liberarse de sus pecados y culpas, mediante el hecho de infringirse dolor físico, el cual es considerado y valorado en este contexto, como un acto que enaltece y conduce a la salvación.

Sin embargo, de acuerdo con los cambios sociales y culturales, hoy en día están aceptadas conductas que 20 años atrás hubieran sido motivo de atención clínica. Por ejemplo, hacerse algún tatuaje o usar dos o tres aros en ambas orejas. Pero cuando estas prácticas dejan de obedecer a motivos idiosincráticos o culturales, (como los tatuajes sobre gran parte del cuerpo o el piercing en regiones corporales delicadas como los genitales), se constituyen en verdaderos actos automutilantes.

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Autodestrucción

Las prácticas automutilantes son muy peligrosas no solo por comprometer el estado general de salud, causando infecciones, a menudo difíciles de curar o lesiones irreversibles, sino también por poner en riesgo la vida misma. Por lo que es de vital importancia brindar la atención psicológica oportuna (ver más), aún en contra de la voluntad de quien la padece, ya que en la gran mayoría de los casos no se está consciente de la gravedad de su problema y, por lo tanto, no cree necesitar ayuda profesional y mucho menos desea aceptarla. 

  

Violencia y Maltrato en la Pareja

Sentirte humillado, denigrado o intimidado por tu pareja es una forma de maltrato psicológico. Entre 50% y 69% de las parejas en la población total, sufren algún tipo de violencia y maltrato. Las personas tienden a continuar en la relación en la que son maltratados; a menudo, la negación y el temor de aislarse y ser estigmatizados socialmente impiden buscar ayuda profesional, a menos que ocurra cuando la violencia llega a  ser lo bastante grave.

  • ¿Alguna vez has sentido que tu pareja vigila tus movimientos y conversaciones, te manipula, chantajea o intenta controlarte?

  • ¿Alguna vez has sentido que tu pareja intenta aislarte de tu familia y de tus   amigos?

  • ¿Alguna vez te has sentido forzado (a) por tu pareja para mantener relaciones sexuales?

  • ¿Sabías que la conducta posesiva, el comportamiento  dominante y el amedrentamiento, son una forma de maltrato psicológico?

  • ¿Sabías que no acceder nunca a las peticiones de tu pareja, no cumplir con los acuerdos mutuos y cuestionar constantemente su fidelidad, son una forma de agresión psicológica?

  • ¿Sabías que tus retrasos, descuidos, demoras y olvidos, son una forma de revancha?

La violencia en la pareja se refiere a cualquier comportamiento dentro de una relación íntima que causa daño físico, psíquico o sexual en uno, o ambos, miembros de la pareja. Este tipo de violencia se produce en todos los lugares y niveles socioeconómicos, y se va incrementando cada vez más como un problema importante de salud pública. Una atmósfera de terror generalmente impregna la relación, donde la degradación psicológica resulta aún más intolerable que la violencia física.

La violencia se manifiesta de diferentes maneras: agresiones físicas, maltrato psicológico (intimidación, denigración y humillación), relaciones sexuales forzadas (y otras formas de coacción sexual), diversos comportamientos dominantes (aislar a una persona de su familia y amigos, vigilar sus movimientos y restringir su acceso a la información, servicios o asistencia).

  1. Conductas masculinas violentas: lanzar objetos, bofetear, maldecir, dar empujones, amenazar, forzar a tener relaciones sexuales, amedrentamiento, conducta posesiva, comportamiento dominante.

  2. Conductas femeninas violentas: no acceder nunca a las peticiones de su pareja, no cumplir con las obligaciones acordadas, cuestionar de manera constante a la pareja por  cuestiones de dinero,  cuestionar a la pareja por  cuestiones constantes de fidelidad; salir del hogar sin avisar, negarse a mantener relaciones sexuales, retrasos y demoras, olvidos, y conductas perseverantes.

Según las últimas investigaciones (48 encuestas efectuadas en todo el mundo), entre 50% y 69% de las parejas en la población sufren algún tipo de violencia, y en un 18% es una de las causas más significativas de muertes por homicidio (con mayor incidencia para las mujeres). Solo el 24% de los hombres asesinados entre 1976 y 2006 fueron muertos por su esposa, ex esposa o novia.

En la mayoría de los casos, no existe disposición de la pareja para hablar abiertamente sobre sus experiencias con la violencia y, por lo general, tienden a continuar en la relación en la que son maltratados. A menudo, la negación y el temor de aislarse y ser estigmatizados socialmente impiden buscar ayuda profesional, a menos que ocurra cuando la violencia llega a ser lo bastante grave como para que exista el convencimiento de que el compañero no va a cambiar.

Terminar una relación de maltrato es un proceso, no un acto aislado. La mayoría se separan y regresan varias veces, antes de lograr una separación definitiva. El proceso de separación incluye períodos de negación, culpa y sufrimiento, antes que terminen por reconocer la situación de maltrato. Reconocer que este proceso existe puede ayudar a las personas a ser más comprensivas y criticar menos a quienes regresan a una situación de maltrato. Lamentablemente, dejar la relación no siempre garantiza la seguridad de la persona, dados los diversos y frecuentes tipos de venganza observados por el  conyugue “abandonado”.

Las mujeres tienen muchas más probabilidades de resultar lastimadas durante las agresiones y sufren formas más graves de violencia. Incluso en algunas culturas, pegarle a la esposa para castigarla o disciplinarla se considera justificado.

Algunas causas demográficas de la violencia en pareja son: edad joven, pobreza familiar, desempleo, consumo de sustancias tóxicas y embriagantes, hacinamiento, bajo nivel de instrucción  escolar, antecedentes de maltrato y abandono en la infancia.

Algunas causas psicológicas son: trastornos de la personalidad (paranoide, antisocial, obsesivo-compulsiva y limítrofe, principalmente), personas emocionalmente dependientes e inseguras con baja autoestima, con incapacidad para controlar sus impulsos y baja capacidad de demora de las gratificaciones instintivas.

Algunas causas inherentes a la pareja son: conflictos o desavenencias matrimoniales recurrentes, problemas de comunicación frecuentes, incapacidad de negociación, ausentismo del hogar, independencia económica respecto de la pareja, infidelidad, ineficacia por no haber logrado cumplir con su papel culturalmente esperado, normas rígidas y estereotipadas relacionadas con la vida íntima familiar, roles de género rígidos, prejuicios e ideas de hombría vinculada al dominio, al honor masculino y la agresión machista.

Las consecuencias en la vida de una pareja violenta tienen una repercusión profunda sobre la salud, tales como síndrome de dolor crónico, fatiga, agotamiento, diversos trastornos psicosomáticos, trastornos de ansiedad generalizada y diversas fobias, depresión, suicidio, lesiones físicas que varían desde hematomas, equimosis y fracturas diversas, hasta la discapacidad permanente y la muerte. Las heridas psicológicas persisten a largo tiempo, es decir,  mucho tiempo después que la violencia ha cesado. Cuanto más grave es el maltrato, mayores son sus efectos sobre la salud física y mental. Los mismos efectos parecen ser acumulativos y persistentes.

Algunos de los tratamientos más eficaces para las relaciones violentas son:

  • Psicoterapia de pareja

  • Psicoterapia individual

  • Grupos de autoapoyo

  • Psicoterapia de grupo

  • Terapia familiar

  • Valoración psiquiátrica

  • Asesoría jurídica

  • Trabajo social.

El tratamiento se realiza durante períodos prolongados y pretende:

  • Sostener la participación en el programa de intervención

  • Fortalecer la adherencia terapéutica

  • Modificar las actitudes hacia la pareja

  • Fortalecer la autoestima y el autoconcepto

  • Establecer una red de apoyo social o familiar

  • Algunas veces, se trabaja en coordinación con el sistema penal.

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