Dentro De Mi Piel

Ciclo: Psicopatología II

Tema: Conducta Automutilante. “Si no puedo, pues por lo menos me destruyo…”

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Ficha Técnica
Título original: Dans Ma Peau
Género: Terror
País: Francia
Año: 2002
Director: Marina De Van
Guion: Marina De Van
Interpretes: Laurent Lucas, Léa Drucker, Marc Rioufol y Marina De Van
Musica: Esbjorn Svensson
Fotografía: Pierre Barougier
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ANÁLISIS PSICOLÓGICO: VER INFORMACIÓN

Desde el inicio de la humanidad han existido distintas formas para lastimarnos y causarnos daño. Un problema afectivo, depresión, ansiedad extrema, desvalorización e incertidumbre en la autoimagen corporal pueden ser el punto de partida para la conducta autodestructiva (ver más).

¿Sabías que el dolor físico no importa en comparación con el dolor emocional que la persona sufre?

Algunas veces buscamos ser valorados por los demás a cualquier costo.

  • La adicción al dolor se origina porque el cuerpo, al ser expuesto a cualquier tipo de daño físico, libera de manera natural endorfinas, que producen alivio y sensación de placidez.

Hacerse algún tatuaje o el “piercing” pueden ser normalmente prácticas culturales inofensivas, pero ¿en qué momento se pueden constituir en verdaderos actos automutilantes?

Las conductas automutilantes (ver más) son muy peligrosas no solo por comprometer el estado general de salud, causando infecciones, a menudo difíciles de curar o lesiones irreversibles, sino también por poner en riesgo la vida misma.

La atención oportuna de este problema es de vital importancia, aún contra la voluntad de quien lo padece, quien:

  • No está consciente de la gravedad de su problema
  • No cree necesitar ayuda profesional
  • Mucho menos está dispuesto a aceptarla.

 

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La Automutilación

Desde el inicio de la humanidad han existido distintas formas de lastimar o mutilar al propio cuerpo, se trata de prácticas solitarias que la persona ejecuta a manera de ritual y obsesiva compulsión en secreto. Esta conducta se considera necesariamente patológica y por lo general acompaña diversas enfermedades psiquiátricas de base, ó estructuras de personalidad psicótica, trastorno obsesivo compulsivo e incluso el síndrome de Tourette, donde la automutilación es frecuente.

Existen muchas formas de automutilación, como el comerse las uñas, quemarse con cigarrillos, arrancarse el pelo, rascarse hasta lastimar la piel, etc. En varias ocasiones, esta conducta puede ocurrir en personas “aparentemente normales”, pero que viene con una problemática muy particular.

La automutilación progresivamente desarrolla una dependencia adictiva que es psicológicamente placentera, aunque implique el dolor físico. La adicción al dolor se origina porque el cuerpo, al ser expuesto a cualquier tipo de daño físico, libera de manera natural sustancias como las endorfinas, que producen alivio y sensación de placidez. Los adictos al dolor buscan ésta sensación placentera a nivel neuroquímico luego de auto lastimarse. Se trata de una extraña y masoquista fascinación con el propio cuerpo que no puede ser cabalmente explicada desde la lógica común para comprender lo bizarro de este comportamiento.

Un problema afectivo, un cuadro depresivo, ansiedad extrema, desvalorización e incertidumbre en la autoimagen corporal pueden ser el punto de partida para la conducta automutilante. El dolor físico no importa en comparación con el dolor emocional que la persona sufre. Al causarse daño y lastimarse busca una forma optativa por disminuir su dolor psicológico. Otras veces busca ser valorada por los demás a cualquier costo. El causarse dolor físico a manera de castigo y expiación, también disminuye profundos sentimientos de culpa.

No obstante, la automutilación no implica el deseo de suicidarse, por ejemplo, cortarse con heridas poco profundas en las muñecas “wrist cutter”, que por lo general obedece más a un deseo manipulatorio por llamar la atención que para privarse de la vida.

También se incluye la conducta ligada a sentimientos religiosos, como en la historia de mártires que con látigos, espinas o cadenas pretendieron liberarse de sus pecados y culpas, mediante el hecho de infringirse dolor físico, el cual es considerado y valorado en este contexto, como un acto que enaltece y conduce a la salvación.

Sin embargo, de acuerdo con los cambios sociales y culturales, hoy en día están aceptadas conductas que 20 años atrás hubieran sido motivo de atención clínica. Por ejemplo, hacerse algún tatuaje o usar dos o tres aros en ambas orejas. Pero cuando estas prácticas dejan de obedecer a motivos idiosincráticos o culturales, (como los tatuajes sobre gran parte del cuerpo o el piercing en regiones corporales delicadas como los genitales), se constituyen en verdaderos actos automutilantes.

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Autodestrucción

Las prácticas automutilantes son muy peligrosas no solo por comprometer el estado general de salud, causando infecciones, a menudo difíciles de curar o lesiones irreversibles, sino también por poner en riesgo la vida misma. Por lo que es de vital importancia brindar la atención psicológica oportuna (ver más), aún en contra de la voluntad de quien la padece, ya que en la gran mayoría de los casos no se está consciente de la gravedad de su problema y, por lo tanto, no cree necesitar ayuda profesional y mucho menos desea aceptarla.