Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger es una forma de autismo con alto nivel de funcionamiento en la vida. Las personas con este padecimiento tienen severa dificultad para interactuar socialmente, carecen de empatía, muestran comportamientos repetitivos o estereotipados, y con frecuencia son torpes. Su causa se desconoce y aún no se ha determinado de manera formal su prevalencia exacta, ya que es particularmente difícil de estimar, es más frecuente en hombres y es mucho más común de lo que puede pensarse.

Una de sus características más notorias es la poca empatía que tienen estas personas y su déficit para entablar relaciones sociales del tipo que sea. Esto genera una gran dificultad para la vida común, debido a la dura realidad que debe vivir aquel individuo que es por diferentes razones, distinto al resto, y por consiguiente, muchas veces segregado o aislado por sí mismo de los demás.

 

Inicialmente, Hans Asperger psiquiatra y pediatra austríaco a quien se le atribuye el nombre de este padecimiento, utilizó el término «psicopatía autista», un nombre que se prestaba a confusiones por la asociación del término «psicopatía» con las personas con características sociopáticas o de personalidad antisocial. El reconocimiento internacional del Asperger como entidad clínica ocurrió en la década de 1990 y fue incorporado por primera vez en el Manual Estadístico de Diagnóstico de Trastornos Mentales en su cuarta edición en 1994 (DSM-IV); cincuenta años después de que Asperger publicara por primera vez acerca del trastorno.

 

El síndrome de Asperger es una discapacidad social de aparición temprana, que conlleva una alteración en el procesamiento de la información. La persona que lo presenta puede llegar a tener un coeficiente intelectual superior al término promedio. Sin embargo, la persona presenta un estilo cognitivo muy particular e inusual y habilidades especiales en áreas restringidas.

En particular se encuentra perturbada la capacidad para reconocer intuitivamente las señales no verbales o paralingüísticas emitidas por otras personas y también para responder adecuadamente a la interacción. Es por esto que el contacto interpersonal se ve seriamente afectado.

Debido a que su inteligencia en la mayoría de los casos es normal, o incluso superior al promedio poblacional, las demás personas no los perciben como autistas, sino como personas con un comportamiento «raro» o «extraño».

La naturaleza de este síndrome se considera congénita y no curable, y sólo puede ser detectado a partir del cuarto o quinto año de vida. Las formas en que se manifiesta este síndrome varían mucho entre los diferentes individuos que lo padecen, y no siempre se muestran todos los criterios siguientes: 

  • Dificultades para la interacción social.

  • Alteraciones de los patrones de comunicación no-verbal.

  • Intereses restringidos a un único tema o a una muy reducida variedad de temas.

  • Inflexibilidad cognitiva y conductual.

  • Dificultades para el pensamiento abstracto y la formación de conceptos.

  • Interpretación literal del lenguaje.

  • Déficit en las capacidades de organización y planeación.

  • Interpretación y manejo disminuido o nulo de los sentimientos y emociones, tanto ajenas como propias.

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Ante la dificultad para comprender el mundo social, se manifiestan inadecuadas, ocasionándoles a ellos y sus familiares problemas en varios ámbitos de la vida.  En la comunicación verbal se puede observar dificultad en el ritmo de la conversación y es frecuente la alteración de la prosodia (entonación, volumen, timbre de voz, etc.)

 

También se puede observar problema para el contacto visual, gestual, etc. e incluso, la mayoría de los casos muestran también dificultad en la coordinación motriz fina. 

En contraste, las personas neurotípicas (esto es, sin el síndrome de Asperger) poseen un sofisticado sentido de reconocimiento de los estados emocionales ajenos denominado como empatía. La mayoría de las personas son capaces de asociar información acerca de los estados cognitivos y emocionales de otras personas basándose en pistas otorgadas por el entorno y el lenguaje corporal de la otra persona.  

Las personas con síndrome de Asperger no poseen esta habilidad, no son empáticas; se puede decir que tienen una especie de «ceguera emocional«. Para las personas más severamente afectadas puede resultar imposible incluso reconocer el significado de una sonrisa o, en el peor de los casos, simplemente no ver en cualquier otro gesto facial, corporal o cualquier otro matiz de comunicación indirecta. Del mismo modo, el control voluntario de la mímica facial puede estar comprometido. Es frecuente que las sonrisas «voluntarias» en las fotografías familiares sean una colección de muecas sin gracia. Por el contrario, las sonrisas espontáneas suelen ser normales.

 

En general, este es un trastorno con severidad variable, y muchas personas con este padecimiento se aproximan a un nivel de “normalidad”.  

Se ha presentado una creencia errónea al considerar que las personas afectadas tanto por Autismo como por Asperger, son superdotadas; lo que en realidad ocurre es que el cerebro afectado se concentra intensamente en temas específicos, lo cual puede ser mal interpretado como una cualidad o talento especial. Por ejemplo, alguien puede encontrarse obsesionado por la astronomía, o por los dinosaurios, otro con la construcción de maquetas, etc.

Las personas afectadas muestran una tendencia vocacional por aquellas profesiones que no requieren particularmente de mayor contacto interpersonal, como la física, la computación, la matemática, etc. Debido principalmente a la lógica causa-efecto que comparten estos ámbitos. Asperger llamó a sus jóvenes pacientes «pequeños profesores», debido a que tan solo a sus trece años de edad ya conocían su área de interés con la profesionalidad de un adulto universitario.

En términos generales son atraídos por cosas ordenadas y lo expresan con un hábito meticuloso por ordenar su entorno. Los individuos con Asperger a menudo manifiestan un razonamiento extremadamente refinado, una gran concentración, una actitud perfeccionista y una memoria casi perfecta.

 

Cuando una maestra pregunta a un niño con Asperger que ha olvidado su trabajo escolar: “¿Qué pasa, tu perro se comió tu tarea?”, el niño con Asperger no responde inmediatamente, permanece silencioso tratando de decidir si debe explicar a su maestra que él no tiene perro y que además los perros no comen papel. El niño no comprende el sentido figurado de la pregunta o no puede inferir lo que la maestra quiere decir a partir de su tono de voz, postura o expresión facial. Ante tanta perplejidad, el niño podría responder torpemente con una frase totalmente sin relación a lo que se está hablando,  como por ejemplo, “¿Sabe que mi padre se ha comprada una computadora nueva?”. La maestra podría equivocadamente concluir que el niño es arrogante, burlón, insubordinado o «raro».

 

Las dificultades para interpretar la comunicación no verbal pueden llevar a la persona a conflictos frecuentes e incluso a ser ignorado por los demás. A la vez, se va a sentir confundido porque no será capaz de comprender en qué se equivoca o por qué razón es rechazado por los demás.

Esta situación conlleva a diversos problemas de ansiedad, depresión, conductas obsesivas y agravamiento de conductas inapropiadas, con el consecuente aislamiento social, pueden llegar a ser víctimas de marginación y acoso escolar, o laboral, por sus compañeros.  

Algunas características comunes al padecimiento, suelen ser: 

  • Sensibilidad al tacto o a ruidos fuertes.

  • Torpeza al moverse o al hablar.

  • Problemas para comprender las emociones.

  • Dificultad para reconocer apropiadamente los gestos de los demás

  • Dificultad para comprender cuando alguien está bromeando.

  • Uso inadecuado del lenguaje. Tono de voz extremoso, demasiado alto o muy bajo,

  • Voz monótona que no refleja emoción alguna.

  • Rehúyen los cambios de colegio, trabajo o en su rutina diaria.

  • Problemas de socialización.

  • Pueden ser muy testarudos, necios o insistentes.

  • Suelen ser crédulos e ingenuos.

  

Las personas con Síndrome de Asperger a menudo: 

  • Son tremendamente racionales y pobremente emocionales.

  • Ven y recuerdan detalles de cosas que otras personas no ven.

  • Tienen una memoria extraordinaria.

  • Son muy buenos recordando y obedeciendo reglas, leyes, sistemas y valores morales.

  • Son mejores escribiendo que hablando

  • Eligen minuciosamente y exactamente las palabras que quieren decir.

  • Se muestran más expresivos en un chat a través de Internet porque no incluye lenguaje corporal ni expresión facial

  • Son buenos en matemáticas y trabajando con computadoras por su buena inteligencia lógica- matemática.

  • Algunos son propensos a desarrollar un extraordinario talento musical porque poseen un oído más sensible.

  • Viven bien haciendo siempre lo mismo, lo que la mayoría encontraría aburrido.

  • Son buenos buscando entre libros y papeles para encontrar información y errores.

 

Otra consideración general, es el hecho de que se puedan aprovechar de ellos y ser el blanco de abusos y discriminación, acoso de terceros hacia su persona y dificultad para mantener relaciones de pareja estables o casarse.

 

Para el diagnóstico se puede utilizar el Adult Asperger Assessment (AAA), con una lista de 5 requisitos y 18 síntomas que valorar, y se cumplen los 5 requisitos y un mínimo de 10 de los síntomas, el sujeto evaluado manifiesta el fenotipo de Asperger.

Algunos niños diagnosticados a temprana edad tienden a ser sobreprotegidos por sus padres y terminan maximizando los síntomas. Las personas diagnosticadas en edad adulta, o incluso adolescencia, han formado su propia personalidad independiente, no involucrada a tratamientos. Por otro lado, los tratamientos pueden maximizar los síntomas a causa de la aceptación por parte del diagnosticado y de la familia frente al Síndrome. En este sentido, se considera que puede tener efectos positivos no decirle a la familia que el afectado tiene Asperger. 

Los psicólogos han tenido serias dificultades en descifrar las causas, modelos y tratamientos para esta enfermedad.

Ver: Sugerencias de tratamiento

Algunos proponen y demandan tolerancia para lo que llaman neurodiversidad, que conlleva una alteración neurobiológicamente determinada en el procesamiento de la información. Muchos adultos sostienen que esto no es de hecho una enfermedad en sí, sino simplemente una forma de ser.  

El origen de este padecimiento es genético, aunque se desconocen los mecanismos básicos, es muy probable que se trate de una condición poligénica asociada con la neurotransmisión monoaminérgica en la región prefrontal y las proteínas de andamiaje sináptico como la neurexina.

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