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Violencia y Maltrato en la Pareja

enero 22, 2010

Sentirte humillado, denigrado o intimidado por tu pareja es una forma de maltrato psicológico. Entre 50% y 69% de las parejas en la población total, sufren algún tipo de violencia y maltrato. Las personas tienden a continuar en la relación en la que son maltratados; a menudo, la negación y el temor de aislarse y ser estigmatizados socialmente impiden buscar ayuda profesional, a menos que ocurra cuando la violencia llega a  ser lo bastante grave.

  • ¿Alguna vez has sentido que tu pareja vigila tus movimientos y conversaciones, te manipula, chantajea o intenta controlarte?

  • ¿Alguna vez has sentido que tu pareja intenta aislarte de tu familia y de tus   amigos?

  • ¿Alguna vez te has sentido forzado (a) por tu pareja para mantener relaciones sexuales?

  • ¿Sabías que la conducta posesiva, el comportamiento  dominante y el amedrentamiento, son una forma de maltrato psicológico?

  • ¿Sabías que no acceder nunca a las peticiones de tu pareja, no cumplir con los acuerdos mutuos y cuestionar constantemente su fidelidad, son una forma de agresión psicológica?

  • ¿Sabías que tus retrasos, descuidos, demoras y olvidos, son una forma de revancha?

La violencia en la pareja se refiere a cualquier comportamiento dentro de una relación íntima que causa daño físico, psíquico o sexual en uno, o ambos, miembros de la pareja. Este tipo de violencia se produce en todos los lugares y niveles socioeconómicos, y se va incrementando cada vez más como un problema importante de salud pública. Una atmósfera de terror generalmente impregna la relación, donde la degradación psicológica resulta aún más intolerable que la violencia física.

La violencia se manifiesta de diferentes maneras: agresiones físicas, maltrato psicológico (intimidación, denigración y humillación), relaciones sexuales forzadas (y otras formas de coacción sexual), diversos comportamientos dominantes (aislar a una persona de su familia y amigos, vigilar sus movimientos y restringir su acceso a la información, servicios o asistencia).

  1. Conductas masculinas violentas: lanzar objetos, bofetear, maldecir, dar empujones, amenazar, forzar a tener relaciones sexuales, amedrentamiento, conducta posesiva, comportamiento dominante.

  2. Conductas femeninas violentas: no acceder nunca a las peticiones de su pareja, no cumplir con las obligaciones acordadas, cuestionar de manera constante a la pareja por  cuestiones de dinero,  cuestionar a la pareja por  cuestiones constantes de fidelidad; salir del hogar sin avisar, negarse a mantener relaciones sexuales, retrasos y demoras, olvidos, y conductas perseverantes.

Según las últimas investigaciones (48 encuestas efectuadas en todo el mundo), entre 50% y 69% de las parejas en la población sufren algún tipo de violencia, y en un 18% es una de las causas más significativas de muertes por homicidio (con mayor incidencia para las mujeres). Solo el 24% de los hombres asesinados entre 1976 y 2006 fueron muertos por su esposa, ex esposa o novia.

En la mayoría de los casos, no existe disposición de la pareja para hablar abiertamente sobre sus experiencias con la violencia y, por lo general, tienden a continuar en la relación en la que son maltratados. A menudo, la negación y el temor de aislarse y ser estigmatizados socialmente impiden buscar ayuda profesional, a menos que ocurra cuando la violencia llega a ser lo bastante grave como para que exista el convencimiento de que el compañero no va a cambiar.

Terminar una relación de maltrato es un proceso, no un acto aislado. La mayoría se separan y regresan varias veces, antes de lograr una separación definitiva. El proceso de separación incluye períodos de negación, culpa y sufrimiento, antes que terminen por reconocer la situación de maltrato. Reconocer que este proceso existe puede ayudar a las personas a ser más comprensivas y criticar menos a quienes regresan a una situación de maltrato. Lamentablemente, dejar la relación no siempre garantiza la seguridad de la persona, dados los diversos y frecuentes tipos de venganza observados por el  conyugue “abandonado”.

Las mujeres tienen muchas más probabilidades de resultar lastimadas durante las agresiones y sufren formas más graves de violencia. Incluso en algunas culturas, pegarle a la esposa para castigarla o disciplinarla se considera justificado.

Algunas causas demográficas de la violencia en pareja son: edad joven, pobreza familiar, desempleo, consumo de sustancias tóxicas y embriagantes, hacinamiento, bajo nivel de instrucción  escolar, antecedentes de maltrato y abandono en la infancia.

Algunas causas psicológicas son: trastornos de la personalidad (paranoide, antisocial, obsesivo-compulsiva y limítrofe, principalmente), personas emocionalmente dependientes e inseguras con baja autoestima, con incapacidad para controlar sus impulsos y baja capacidad de demora de las gratificaciones instintivas.

Algunas causas inherentes a la pareja son: conflictos o desavenencias matrimoniales recurrentes, problemas de comunicación frecuentes, incapacidad de negociación, ausentismo del hogar, independencia económica respecto de la pareja, infidelidad, ineficacia por no haber logrado cumplir con su papel culturalmente esperado, normas rígidas y estereotipadas relacionadas con la vida íntima familiar, roles de género rígidos, prejuicios e ideas de hombría vinculada al dominio, al honor masculino y la agresión machista.

Las consecuencias en la vida de una pareja violenta tienen una repercusión profunda sobre la salud, tales como síndrome de dolor crónico, fatiga, agotamiento, diversos trastornos psicosomáticos, trastornos de ansiedad generalizada y diversas fobias, depresión, suicidio, lesiones físicas que varían desde hematomas, equimosis y fracturas diversas, hasta la discapacidad permanente y la muerte. Las heridas psicológicas persisten a largo tiempo, es decir,  mucho tiempo después que la violencia ha cesado. Cuanto más grave es el maltrato, mayores son sus efectos sobre la salud física y mental. Los mismos efectos parecen ser acumulativos y persistentes.

Algunos de los tratamientos más eficaces para las relaciones violentas son:

  • Psicoterapia de pareja

  • Psicoterapia individual

  • Grupos de autoapoyo

  • Psicoterapia de grupo

  • Terapia familiar

  • Valoración psiquiátrica

  • Asesoría jurídica

  • Trabajo social.

El tratamiento se realiza durante períodos prolongados y pretende:

  • Sostener la participación en el programa de intervención

  • Fortalecer la adherencia terapéutica

  • Modificar las actitudes hacia la pareja

  • Fortalecer la autoestima y el autoconcepto

  • Establecer una red de apoyo social o familiar

  • Algunas veces, se trabaja en coordinación con el sistema penal.

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